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PRIVACIDAD y VIGILANCIA ESTATAL

La aseveración de Franz Kafka “Muchas veces es más seguro estar encadenado que ser libre” sirve para ilustrar la contraposición existente en nuestros días entre dos derechos fundamentales, el derecho a la seguridad y el derecho a la libertad.La búsqueda de un control férreo, que pueda hacer disminuir nuestra libertad, nace de la exigencia de una seguridad utópica, buscada en mayor medida por los países más desarrollados. Desde los atentados de 2001 al corazón financiero de los Estados Unidos, la lucha contra el terrorismo ha tenido un auge sin precedentes. Con el fin de aumentar el control sobre la circulación de las personas y la vigilancia en masa se han desarrollado diferentes políticas a nivel mundial. Así nació Patriot Act en Estados Unidos, que posibilitó el programa PRISMA de vigilancia masiva de la National Security Agency (NSA). A principios de 2015 en Francia, los atentados de Charlie Hebdo desencadenaron el proyecto Loi sur le renseignement que prevé un marco legal, coherente y completo para las actividades de los servicios de inteligencia. Sin embargo, debemos preguntarnos hasta qué punto estas medidas atentan nuestros derechos fundamentales, como la privacidad, y en qué medida debemos aceptarlas.

Si bien la perdida de privacidad repercute en diferentes ámbitos de nuestras vidas, voy a ilustrarla a partir del tránsito aéreo de pasajeros. Durante el  periodo de 1980 a 1984 se desplazaron un total de 340,2 millones de pasajeros, duplicándose este número en el periodo de 2010 a 2014, con 743,1 millones de pasajeros. Gracias a la denominada revolución tecnológica, de la que somos testigos en los últimos años, se han desarrollado numerosas técnicas que permiten el control, de manera cada vez más fiable, de la circulación de personas. Este es el caso de la Biometría que, a grandes rasgos, permite la autentificación o identificación de individuos a partir de sus características biológicas. Los datos biométricos se recogen, por ejemplo, en los documentos de viaje que se utilizan para identificar a las personas. Estos datos se podrían incorporar en bases de datos, como por ejemplo en los Sistemas de Información de la Unión Europea (UE). En el momento actual, esta tecnología se encuentra en un estado inicial, si tenemos en cuenta sus posibilidades de mejora, y con vistas a su utilización masiva en el futuro es necesario establecer una reglamentación exhaustiva que garantice la seguridad jurídica así como la salvaguarda de los derechos de las personas. Volveremos sobre ella en otros artículos del blog.

Esta necesidad de reglamentación es la que se experimenta en muchos ámbitos tecnológicos, como videovigilancia, drones, smart cities, wearables, big data, etc…

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